Soy Szerena Majoros, psicóloga forense y sanitaria, pero si estás leyendo esto, probablemente, ya conoces mi CV de la página principal, por lo que prefiero contarte cosas diferentes para que comprendas mi experiencia no solo profesional. 

Desde niña me interesaba mucho el funcionamiento del cuerpo humano y de la mente. Fue mi padre que a los 9 años me regaló un walkman con una cinta de casette para relajación y alcanzar estados meditativos de onda alfa. Me decía que servía para enfocar la mente y también para ganar claridad además de mejorar la concentración.  Así que empecé a escucharlos y cada vez me interesaba más el mundo de la mente y funcionamiento cerebral. A los 11 años mi padre me inscribió al curso de Dr. Silva Control Mental que, en parte, cuenta con base en técnicas de autohipnosis para manejar el estrés, aumentar el potencial mental y aprender relajación avanzada.  A partir de allí, tenía claro que me quería dedicar a investigar la relación que hay entre mente y cuerpo o cualquier profesión de ayuda.

No obstante, nunca pensé que estudiaría psicología. Durante la adolescencia abandoné un poco el foco respecto a mi futura profesión, centrándome más en experiencias típicas de la etapa como el amor, los viajes, estudios y máxima diversión. Durante esta etapa mi gran sentido de justicia y sentimiento de querer ayudar, me hicieron plantear los estudios de derecho. Cuando me gradué de bachillerato, me tomé un año sabático y me fui a Venezuela. Después volví a Budapest y el siguiente año justo me presenté a la selectividad que, por casualidades de la vida, se celebraba en Budapest para los alumnos internacionales. Me acuerdo que nos presentamos 45 y solo aprobamos otra chica y yo. Otra casualidad, ya que todos iban con su profesora de preparación estudiando un año entero y yo solo tenía unos viejos libros de BUP que me prestaron dos semanas antes en el Consulado de España. Cuando tuve los resultados, no sabía lo que podría estudiar, no conocía el sistema educativo español y fue mi hermana que me recomendó la carrera de psicología. Me decía que siempre me veía en una profesión así. Cuando lo dijo, me vino una sensación de calor y luz en el cuerpo y, de repente, sabía que era la carrera que realmente quería desarrollar. Dos cosas que creo haber aprendido entonces:

 

La casualidad no existe….Dios no juega a los dados con el Universo 

Albert Einstein

En qué me diferencio

Transparencia

Puedes esperar un trato completamente transparente y honesta con claridad en todo el proceso que te explicaré paso a paso desde la primera sesión. Tendrás claro el tiempo necesario para conseguir el máximo beneficio, como también, la inversión económica que conlleva.

Rapidez

No quiero "prisioneros" en mi consulta, sino personas más felices y con un problema resuelto en un tiempo más corto posible y que me recomienden por sus propios resultados, tanto si se trata de valoraciones periciales como cuando se trata de clientes con dolencias psicológicas.

Compromiso

Me comprometo ofrecerte la mejor experiencia, por eso tendrás acceso a mí entre sesiones y sin límites. Además, me comprometo con tu futuro desarrollo, por lo que tendrás tu libro de terapia personalizado al completar tu proceso, donde te recojo todo lo aprendido con alguna sorpresa más para seguir creciendo.

Más sobre mi historia

Inicios y mi visión profesional

 Realmente me he dedicado a diferentes aspectos de la psicología, como te lo he dicho, desde niña y antes de decidir o saber si estudaría psicología. Cuando me fui a vivir un año a Venezuela “casualmente” encontré trabajo en una empresa que hacía análisis con polígrafos para acompañar las investigaciones policíacas. Me encantaba ver y analizar las gráficas. Más tarde trabajé en el Consulado de Hungría, donde atendíamos a los presos húngaros en Venezuela y dábamos asistencia en los juicios. Más tarde entendí, que toda esta experiencia la tenía que vivir para convertirme en la persona que soy y encontrar mi vocación, que para el cuarto año ya tenía claro que era la psicológica clínica y forense. 

El encuentro de dos personas es como el contacto de dos sustancias químicas: si hay alguna reacción, ambas se transformarán – Carl Jung

Una de mis frases preferidas ya que creo profundamente que durante las terapias no solo aprende la persona sino yo como terapeuta, también. Al finas aprenderemos ambos ya que no se trata de una interacción jerárquica sino un proceso donde ambos volcaremos nuestro aprendizaje y fusionaremos nuestras experiencias para crear una mejor versión de ti, principalmente. No obstante, es inevitable que tras cada terapia que hagamos yo también me transforme poco a poco. Siempre he dicho que yo soy la profesional que soy y sé lo que sé, en gran parte, gracias a mis pacientes a lo largo de estos años. Yo aprendí los secretos de la mente humana, las técnicas más avanzadas para cambiar el funcionamiento mental y comprender los mecanismos cerebrales y neuronales que lo acompañan, pero de mis pacientes aprendí mucho más. Aprendí que con los conocimientos solo técnicos no vale para poder lograr resultados verdaderos. Aprendí que todos necesitamos que nos escuchen primero, antes de que nos enseñen, que la calidad de relación  entre terapeuta y paciente ayuda lograr  los objetivos más rápidamente y es la base para mantener la motivación durante el proceso. Aprendí escuchar, observar, interpretar y sintetizar para acelerar el proceso terapéutico. Aprendí a comprender prácticamente todo tipo de acción humana sin juzgarla. Aprendí que las emociones básicas son el miedo y el amor, emociones que nos envuelven durante toda la vida y son el origen de cualquier problema psicológico. Aprendí que en la vida debemos ser prácticos y para lograr resultados debemos saber simplificar y relativizar todo lo que nos sucede y , sobre todo, aprendí que lo imposible no existe, porque si unos lo logran cualquiera puede llegar a ello con las directrices adecuadas. He tenido personas delante de mí que por su historial de salud mental o física extremadamente doloroso, según la ciencia, deberían estar incapacitados, sin embargo, salieron adelante. Aprendí que finalmente cada persona es la suma de su mente y circunstancias en el momento, que si cambias las circunstancias cambiará la mentalidad y los problemas se transforman. Aprendí que las personas sí que cambian, si se lo proponen y tienen un guía adecuado que les acompañe. Aprendí que todos, absolutamente todos, somos capaces de transformar nuestra mente, nuestra vida y nuestra personalidad a través de la consciencia y manejar nuestras vidas a la dirección que siempre soñábamos, porque lo que no se hace consciente se manifiesta en nuestras vidas como destino pero mediante la consciencia  creamos nuestro destino finalmente.  Aprendí que no existen las enfermedades sino las personas enfermas que manifiestan unos síntomas que la ciencia necesitaba abarcar y etiquetar de alguna manera, sin embargo, la depresión de una persona se cura de un modo diferente que la depresión de otra persona. Sobre todo aprendí, que el sufrimiento, por doloroso que sea, nos permite aprender diferentes aspectos de la vida y es necesario. Aceptándolo ayuda a encontrar el equilibrio en nuestros conflictos y desarrollar nuestra identidad viviendo conforme  a ella.  Aprendí que ser flexible no es una opción sino necesidad para estar seguros de todo lo que queremos conseguir, porque el fanatismo en cualquier sentido y disciplina es una sobrecompensación de la duda. 

Emprendiendo mi vida profesional

Con toda esa ilusión y visión particular empecé a formarme paralelamente con la universidad buscando respuestas a los problemas y sufrimiento humano, aprendiendo varios enfoques de intervención, a parte del intervención cognitivo-conductual, que científicamente ha ganado el terreno en la gran mayoría de las intervenciones terapéuticas, ya que durante las investigaciones y ensayos clínicos es el enfoque que más se puede adaptar para manejar las variables dependientes e independientes, siendo sensibles para publicar los resultados en revistas científicas. No obstante, siempre he notado que no era suficiente ni se podía aplicar en todos los casos como un enfoque único. Así que me formé en el enfoque sistémico, humanístico y analítico, además de la terapia de esquemas, centrados más en la persona que en la enfermedad, y lo complementé con técnicas de la moderna neurociencia, como la recodificación neural o la hipnosis clínica (nunca regresiva) combinando con técnicas corporales alternativas desde la teoría polivagal y kinesiología. De este modo desarrollé mi propia metodología de intervención y he dado el paso de ejercer como autónomo en la práctica privada exclusivamente y volcar este conocimiento, también, en mis evaluaciones como psicólogo forense. 

Pasando de autoempleo a empresa

  

 Cuando el amor es la norma , no hay voluntad de poder, y donde el poder se impone, el amor falta – Carl Jung

El amor verdadero supone no querer dominar al otro, y no establecer relaciones de superioridad. Por esta misma razón siempre enfoco mis terapias en una relación de tú a tú, adaptándome en cada momento y en cada sesión a cada paciente. No obstante, me di cuenta rápidamente que trabajar como psicóloga dentro de una organización o empresa me limitaba enormemente para tratar a mis pacientes desde un enfoque integrativo y de manera personalizada, ya que pequeños detalles, como utilizar técnicas fuera del enfoque de la empresa o no regirse rígidamente a la duración de 50-55 minutos de cada sesión generaba conflictos varios. Por un lado generaba un conflicto moral entre la empresa y yo por renunciar de métodos mucho más eficaces, sin ninguna explicación científica que lo sostenga y por sentirme limitada como profesional para ayudar y tratar a cada persona desde el amor. Así que tuve que tomar una decisión y renuncié a un salario fijo a cambio de poder sentirme libre y tratar a cada persona desde el amor y atención que se merece, aunque eso supuso, al principio, pasar algunas dificultades económicas, obstáculos y mucho esfuerzo para poner en marcha mi propia consulta. Sin duda, ha sido la mejor decisión que he podido tomar y estoy profundamente agradecida a la vida por poder sentir el absoluto control sobre mi vida profesional y personal.  Nada puede salir bien y puede dar resultados positivos a largo plazo si no es tratado desde el amor. En la vida y para ser feliz es primordial poner pasión a todo, absolutamente a todo, lo que emprendemos realizar, sea eso nuestro trabajo, hacer deporte, aprender algo nuevo, educar a los hijos, mantener una relación de pareja satisfactoria etc…El amor es lo que mueve toda la energía transformadora, y la medida que somos capaces de ilusionarnos, sentir pasión por algo y tratar a nosotros mismos y a los demás con amor, determina nuestro grado de felicidad, paz y da el sentido de nuestra vida en cada momento. Así es como he creado finalmente mi propia empresa y trabajo como psicoterapéuta con la premisa que el proceso de la psicoterapia siempre debe partir desde el amor, escucha empática y activa y   cada sesión debe ser adaptada a la persona y situación empleando las técnicas que más encajan en la filosofía de vida, valores y experiencias personales de la persona, para lograr así la máxima eficacia del tratamiento dentro de un marco científico. Algunas técnicas que empleo, como las técnicas de la teoría polivagal, kinesiología o hipnosis clínica, a veces han tenido mala fama no por la técnica en sí, sino por la falta de conocimiento técnico y científico del profesional quien lo emplea y que los aplicara de manera errónea para algunos problemas psicológicos o los utilizara aisladamente no como parte de un proceso combinando con otras técnicas. Creo firmemente que la base de cualquier terapia debe partir de una sólida formación básica como la licenciatura en psicología, en mi caso, y luego complementarse con técnicas siempre con criterio y conocimiento sólido en el campo. Ser mi propia jefe me ha permitido abrir mi mente, formarme libremente en cada enfoque y técnica y me ha brindado el tiempo necesario para consolidar una metodología propia pero moldeable a cada necesidad, problema y persona. 

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