¿Cómo enseñar a tu hijo a manejar las emociones y ser más feliz?

!Aprende las claves para manejar las emociones con eficacia¡

Saber manejar las emociones es esencial para poder desarrollar habilidades, integrar conocimientos y para nuestro proceso de adaptación. Las personas que saben manejar sus emociones son gente más feliz y mejor calidad de vida. Además, se sienten integrados en el ambiente de manera productiva para ellos. ¿Pero cómo aprendemos esta capacidad, y de qué manera podemos ayudar a nuestros hijos a desarrollar esta habilidad? Si quieres descubrir más, sigue leyendo.

El manejo de las emociones implica diferentes procesos cognitivos, mentales, conductuales y físicos.

  • El primer paso es reconocer e identificar la emoción de la manera más precisa posible.
  • El segundo paso es comprender desde dónde viene está emoción y acogerlo con compasión.
  • El tercer paso es determinar la dirección (acción o consecuencia) hacia que nos empuja.
  • El cuarto paso es decidir si quiero seguir por está dirección, y por último es saber reconducir esta emoción a la dirección elegida.

Son los mismos pasos que tenemos que enseñar a nuestros hijos. Parece algo difícil y abstracto a aprender para los más pequeños pero, en realidad, es más sencillo de lo que pensamos. Con algunas preguntas se puede enseñar al niño a hacer estas reflexiones cada vez que tenga que afrontar sus emociones. Claro está, que cuanto más sepamos manejar nuestras propias emociones más fácil resultará transmitirlo a nuestros niños, por lo que es importante que practiquemos nosotros también.

Para que el niño sepa manejar sus emociones tiene que saber primero reconocerlo e identificarlo. Esta fase cuando son niños muy pequeños, podemos hacerlo nosotros, directamente diciendo al niño: “Cariño, ahora estás enfadad@”. Con niños más mayores (a partir de los 9 años aproximadamente) podemos preguntar directamente al niño: ¿Cómo te sientes, dilo con una palabra?

Una vez identificada la emoción, tenemos que determinar desde dónde viene la misma. Podemos decirle al niño: “Te sientes triste por qué….? Con niños muy pequeños podemos decirles directamente: “Cariño estás triste/enfadado porque no podemos ir al parque ahora y te comprendo”. Esto le hará entender el propio sentimiento.

Una vez comprendido la emoción y haberla acogido con compasión en vez de rechazarlo habrá que hacer dos cosas. Por una parte, hay que determinar concientemente la acción que nos incita hacer la misma emoción y, por otra, evaluarlo si es lo que realmente queremos. Podemos decirle: “Comprendo que por eso estás llorando y sin salir de casa todo el día. ¿Pero eso realmente te ayuda y quieres quedarte encerrad@ en tu habitación?”  Con niños muy pequeños podemos decir lo siguiente en una rabieta: ” te comprendo que estés llorando y pataleando por no poder abrir la piruleta, y por eso lo has tirado al suelo. Pero realmente quieres que esté en el suelo o quieres abrirla?”

Como último, viene reconducir la emoción. Podemos decirle al niño: ” Qué más podrías hacer? ¿Qué te ayudaría poder hacer lo que realmente quieres? Con niños más pequeños podemos decirle directamente: “Ven recoge la pilureta y te enseño abrirla.”

EVITAR ROTUNDAMENTE ENUNCIADOS COMO: ” Esto ya se te pasará”, “Esto no tiene importancia, tontería que te sientas así” “Vas a acabar como X si sigues así”, “Así no te quiero”, “No te comprendo para nada”, “Olvídate de esto y ya esta.” etc….

Importante ponerlo en práctica y ante cada situación emocionalmente intensa emplearlo.De esta manera la acción mental se fijará como un hábito. Esto ayudará a los niños conocerse mejor, tener más autoconfianza y también mayor dominio de sí. Se volverán más reflexivos, menos impulsivos y mejor adaptados en todos los ámbitos.

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